¿Y si…?

¿Y si…?

¿Y si, en ausencia de observación o escrutinio, o de estrés o emergencia proyectados, su cuerpo funcionara a un nivel muy diferente, de una manera muy distinta?

¿Y si, sin una persona presente que sugiriera que necesitaba tratamientos o posturas o remedios o hierbas específicos, su cuerpo respondiera de forma más eficaz o diferente?

Realmente no podemos saber lo que ocurrió en este caso concreto: no podemos saber si su hemorragia era patológica o totalmente normal y mínima, o si la hemorragia podría haber remitido a su debido tiempo, o si podría no haber ocurrido en absoluto si hubiera estado sola…

¿Y si su hemorragia hubiera sido normal, inicialmente, y sin el miedo proyectado, con el espacio para descansar y recuperarse durante un par de horas, su hemorragia podría haberse minimizado y tu placenta podría haber salido tranquilamente después de 3 horas postparto?

O… ¿y si su comadrona la hubiera salvado?

Hay tantas cosas posibles, fuera de la historia de lo que realmente ocurrió.

Nunca lo sabremos.

El hecho de que esta madre declarara inicialmente que quería dar a luz sola es interesante y posiblemente significativo.

¿Y si le salvaron la vida?
¿Y si su parto fue saboteado?

Para las mujeres que observan estos comentarios, ¿qué tipo de riesgo están dispuestas a asumir?

No hay elección sin riesgo.
Atiende a tu propia brújula.

Yolande Norris-Clark

Educación y deporte

 

Hoy me apetece dar mi opinión a los padres/madres de pequeños deportistas sobre cómo afrontar los «malos partidos/malas competiciones».

Cuando era aún más joven y entrenaba equipos de niños y niñas, conocía a todo tipo de padres y madres y cuando veía comportamientos irracionales en ellos (protestas a los árbitros en partidos amistosos de niños y niñas de 7 años) mi cerebro les categorizaba como «padre-madre hooligan» y me obligaba a no entablar más relación que la estrictamente necesaria.

Ahora empiezo a entenderles.

Entiendo que es muy difícil ver a tu hijo/hija «luchando» contra otros niños y niñas y controlar tus emociones.

Pero como dice la canción: Nobody said it was easy...

Y aprovechando que yo aún no tengo hijos/hijas y que «todo se ve más fácil desde el sillón de casa»  pregunto, que me gusta.

  1. Imagina que puedes ver a tu hijo/hija cada día durante sus clases: Se esfuerza, intenta continuamente los diferentes ejercicios propuestos y aún así se equivoca con frecuencia.

¿Cómo actuarías ante esta situación?

Yo personalmente»quitaría hierro al asunto»  explicando que todos tenemos días malos y que yo no estoy orgullosa de que resuelva bien los ejercicios sino de que se esfuerce e intente hacerlos lo mejor posible cada día.

Básicamente le ayudaría a relativizar y a ver que un mal día no significa que no esté aprendiendo, y que lo importante es el esfuerzo y no el resultado, porque los resultados van a mejorar si continua trabajando así.

Me cuesta imaginar el siguiente comentario en esa situación:

-«Hoy te has equivocado una barbaridad. Parecías otra. Madre mía. Yo no sé que te ha pasado pero es que no has acertado ni una…  Una clase para olvidar. Espero que la próxima vez pongas más ganas en los ejercicios»

Curiosamente en el deporte competitivo casi todos los niños estarán en esta situación: Esforzándose todo lo posible y aún así cometiendo errores.

 

Porque competir también es un proceso de aprendizaje y para aprender hay que equivocarse.

Diría que el mejor entrenador (o el que más me gustaría para mi hijo/hija si mi hijo/hija quisiera hacer deporte-competición) sería aquel que provocase más errores en la práctica, sin llegar a frustrarle tanto como para que no disfrutase.

Qué fácil escribirlo y qué difícil manejarlo, lo reconozco.

Si partimos del principio básico de que una niña/niño elige hacer un deporte (es decir, nadie paga sus frustraciones infantiles obligándole a ello) y voluntariamente participa en competiciones, ese niño en las competiciones «se esfuerza todo lo posible».

Para su nivel, para sus capacidades, para su experiencia previa, para sus circunstancias personales. Pero todo lo posible.

Igual no corre por que aún no entiende dónde debería correr, igual aún tiene miedo del contacto, igual necesita más tiempo para procesar información visual/tomar decisiones, o igual está triste porque no ha venido su mejor amiga al partido y eso también afecta, pero lo que es seguro es que se está esforzando todo lo que puede ese día.

 

Antes de poner la cara de decepción y de hacer comentarios negativos sobre la actuación de tu hijo/a que crees que le convertirán en el próximo Nadal o antes de compartir con él/ella tu interpretación personal de «su esfuerzo en el campo» , pregúntate:

¿Quiero que mi hijo/hija sea profesional a toda costa?

¿Me da igual que se frustre aún más después de una experiencia ya de por sí  negativa o quiero que se sienta mejor y tenga en el deporte un «refugio» en el que solo cuenta que te esfuerces y te diviertas?

¿Este comentario que me apetece hacer después de una actividad en la que el niño sí se ha esforzado (porque en jugar los niños se esfuerzan) no significa mostrarle que me importa más el resultado (entendido como su performance) que su esfuerzo?

¿Estoy «empujándole» a ser mejor o simplemente dañando su autoestima al sentir él que ni esforzándose puede cumplir mis expectativas?

Cuando te sientes frustrada por algo que no te ha salido bien en el trabajo, ¿qué ayudaría a que te sintieras con más ganas de volver el día siguiente a mejorarlo?

Hay mil preguntas que podríamos hacernos antes de entristecer a un niño por algo como una competición infantil. Porque las competiciones infantiles, aunque a veces lo olvidemos, son sólo para aprender y divertirse.