CMS: Los personajes públicos

Al principio titulé esta entrada así: “Para Pérez-Reverte de una talibán”, pero cuando estaba a punto de compartirla empecé a pensar que en verdad estaba siendo injusta.

La culpa de nuestros problemas de salud no es de Pérez-Reverte.

Ni de “Saber vivir”, aunque les odie.

Hay demasiados responsables.

De hecho hay grandes debates entre profesionales que tratan de establecer QUIÉN es más culpable y cómo solucionarlo.

Por todo eso me he propuesto una nueva serie de entradas que empezarán como esta:

CMS (Culpables de la Mala Salud) y aquí, semana a semana, iré indignándome con los que en mi opinión contribuyan al aumento de enfermedades crónicas y al descenso de calidad de vida de nuestra población.

Y ya aviso, por si sale algún científico a decir eso de “¡pero si cada vez vivimos más años, quejica!” . Alegrarse de “vivir más” olvidando el factor “calidad de vida” me parece totalmente absurdo.

Hecha la introducción, damos paso a un fragmento del artículo más sorprendente de Pérez-Reverte hasta el momento:

La cultura:

“No hay una sola madre con hijo allí que no sea una talibán de la cultura: y como el gran enemigo de las madres progres son los programas de telebasura y youtubers de turno, cuando acuden a buscar a los niños todas van provistas de instrumentos musicales, cuadernos de dibujo, entradas a los museos más emblemáticos o libros maravillosos y divertidos, adaptados a la edad de los niños en cuestión.

Los programas de dibujos animados no educativos, naturalmente, sólo se consienten en los cumpleaños; y según cuenta Paco, basta pronunciar el nombre del programa “Gran Hermano” para ganarte una oleada de miradas asesinas. Al principio, dice, esperaba a su hijo en la puerta del cole con la moto y el iPad con los videos del youtuber Dallas preparados. «Y como los otros críos miraban al mío con envidia, no puedes imaginarte el odio con el que me trataban algunas madres. Como si fuera un terrorista. Hasta dejaron de invitar a mi hijo a los cumpleaños y fiestas de pijamas». Alguna, incluso, hasta se ha chivado a la del niño: «Deberías vigilar lo que le deja ver tu ex marido».

Así que, en los últimos tiempos, Paco y su vástago han pasado a la clandestinidad en cuestión de entretenimiento, utilizando entre ellos una jerga en código que los protege de la Gestapo materno-escolar. Cuando el enano sale de clase con los compañeros, ya está adiestrado para preguntar a su padre cosas como «¿Qué hay de lo que tú sabes?», a lo que Paco responde, tras mirar prudente a un lado y a otro: «Tranqui colega, ahora te lo paso». Entonces el zagal le guiña un ojo y pregunta, susurrando esperanzado: «¿Gran hermano?». Pero Paco mueve la cabeza: «Hoy toca zoológico», responde. Y mientras suben a la moto, clandestinamente, ocultándolo bajo el anorak de su hijo, le pasa el iPad con el último programa de Hombres y Mujeres y Viceversa.”

Vale, es broma.

Lógicamente, esto no es el verdadero artículo (que podéis leer aquí si os interesa).

Esta es la forma que he encontrado de equiparar la “exageración” en la preocupación por la salud/nutrición con la preocupación por la educación cultural.

Imagino a Reverte pensando si leyera mi versión de su artículo algo como: pues ojalá fueran así los padres españoles, educando en cultura.

Me cuesta mucho en cualquier situación criticar que un padre/madre se preocupe por buscar lo mejor para su hijo/a, bien sea en salud o educación. 

Si este artículo tiene gracia (y sé que la ha tenido para la mayoría de españoles) es por la importancia del lenguaje y el buen uso que Pérez – Reverte hace de él.

Este texto coloca automáticamente en nuestros cerebros la normalidad asociada al bocadillo de nocilla diario o a la bollería industrial más insalubre, y el “talibanismo” en preocuparse de la alimentación de los pequeños. Que son solo niños, ¡exageradas!

Si algo me gusta de Reverte (y tristemente cada vez son menos cosas) es su capacidad crítica.

Me gusta que se ría y ponga el foco en los muchos y variados problemas de nuestro país.

Porque cuando él pone el foco, mucha gente que le sigue y admira, se replantea su punto de vista respecto a ciertos temas.

Tristemente, aquí, a Reverte se le ha pasado revisar las estadísticas sobre obesidad y/o diabetes infantil en España.

Como no es suficiente con la falta de educación a nivel de salud que tenemos, uno de los escritores más leídos en nuestro país (y por lo tanto, un generador de opinión), lejos de criticar la situación actual, se alinea con el más rancio “siempre se ha hecho así”, dando material ridiculizante a las personas que todavía no están convencidas de la importancia de una buena alimentación para prevenir enfermedades.

Mientras se produce una lucha continua de los mejores profesionales de la salud por defender a los consumidores de las estrategias (sucias) de la industria alimentaria (y aquí merece mención aparte el grupo de DSP destinado a generar información nutricional independiente de las grandes empresas), Pérez-Reverte el crítico le echa una mano a los malos.

Todos somos cuñados en algún tema, y a Pérez-Reverte le tocó serlo en salud, igual que en su momento, el “hombre más inteligente del planeta” (Stephen Hawking) sentenció que la pandemia de obesidad es porque “comemos mucho y nos movemos muy poco”.

Visto y comprobado que hasta el más listo, enfrentado a problemas que no conoce en profundidad y a los que no dedica reflexión alguna, cae en la simpleza más absoluta y como guinda, su credibilidad, ganada en otros campos completamente ajenos a este tipo de comentarios, hacen que alguna gente considere como válida y documentada su opinión.

Una pena.

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CMS: Los malos médicos

La semana pasada, gracias a Reverte, empecé a pensar en todas las personas que (sin quererlo) contribuyen a una peor salud de la población.

Los culpables que describo hoy asombrarán e indignarán a algunos, imagino.

Le sorpresa seguramente proceda de que la mayoría de los mortales consideran que los profesionales más y mejor formados en materia de salud son los médicos.

En mi percepción (y en la de muchas otras personas) en realidad son especialistas en enfermedades.

No me atrevo a decir si se debe a los planes de estudios, a exceso de especialización “sin conexión” entre especialidades, o a algún otro motivo, pero sí me atrevo a decir que otras profesiones tienen mucha más formación e interés en prevención y en tratamiento de las CAUSAS que provocan la enfermedad y no sólo en los síntomas que la mayoría de los médicos.

Sé que tienen mucho que ver las políticas sanitarias, pero de política sanitaria no tengo la formación que me gustaría.

Lo que sí sé es que como personas, como médicos y como pacientes, tenemos una responsabilidad que no podemos derivar a los políticos (y menos aún en España).

Dicho esto, empiezo por criticar a los malos médicos y ya hablaré algún día sobre la responsabilidad individual para mantener la salud.

Queridos Malos médicos,

Sé que no es bueno generalizar, pero antes de criticarme por ello, aplicáoslo.

Dejad ya de dar “consejos de cajón” para todo el mundo (“Ve a nadar si te duele la espalda”, “toma esta dieta para la Diabetes que me han mandado los mismos laboratorios que VENDEN INSULINA”, “estos antiinflamatorios y esta infiltración solucionarán tu lumbalgia”…) y no deis por hecho que sois los que más sabéis sobre la salud.

En otra entrada hablaba sobre la famosa frase de Spiderman:

” Un gran poder conlleva una enorme responsabilidad”

Me pregunto,  ¿Sois conscientes de vuestro poder?

Tenéis la confianza de la gente. “Me lo dijo el médico” es una frase con valor.

Los demás profesionales de la salud (enfermeras, fisioterapeutas, dietistas- nutricionistas, entrenadores…) tienen que ganarse esa confianza con mucho esfuerzo.

Sinceramente, no os envidio.

Creo que ahí está uno de los principales problemas.

Os hacen/hacemos creer que con el título habéis acabado la faena.

Los demás, al tener que demostrarla, acaban siendo mejores profesionales de la salud.

Los pacientes que cuestionan (que en la mayoría de profesiones SON muchos, y vienen con frases tipo: “Pues el médico me dijo que…”) ofrecen oportunidades de mejora continuas.

Podría nombrar muchas situaciones en las que profesionales de la nutrición, de la fisioterapia o del movimiento, somos cuestionados por las instrucciones dadas por los malos médicos, pero me limito a las del movimiento:

a. Mal médico dice: Reposa durante una lumbalgia.

Evidencia científica y otros profesionales dicen: Movimiento suave controlado (idealmente guiado por un profesional que ayude a estirar/movilizar) ayuda a recuperarse antes.

b. Mal médico dice: Tienes osteoporosis. Haz deporte cualquier actividad que sea suave: Yoga, natación, gimnasias suaves…

Evidencia científica y otros profesionales dicen: Tienes osteoporosis.

Yoga y gimnasia suave NO SIRVEN DE NADA porque no producen una contracción muscular lo suficientemente intensa como para estimular la regeneración ósea.

 

La carrera que estudiáis, Malos médicos, tiene una nota de corte muy alta y además tenéis que estudiar mucho muchos años. Cierto.

Pero eso no os da derecho a dejar de actualizaros en cuanto acabáis.

Eso no os da derecho a recomendar lo que os cuentan los laboratorios sin contrastarlo.

Eso tampoco os da derecho a decidir el tratamiento más invasivo pero más cómodo y rápido sin informar bien al paciente de sus consecuencias.

Y menos aún a indignaros cuando un paciente muestra sus dudas e inquietudes, o cuando se critican las malas conductas de miembros de vuestro colectivo hiperprotegido por la sociedad.

Esta última, va especialmente por esos Malos médicos que convierten con sus comentarios en “Madresprimerizashistéricas” a cualquier joven con formación en salud y embarazada que se atreve a cuestionar que la cesárea programada sea la mejor opción.

Y no soy la única que se indigna con estas situaciones:

 

Diría que la receta es simple: Humildad, curiosidad y comunicación con otros profesionales.

La parte positiva (porque siempre hay una parte positiva) es que hay muchos médicos que escapan a esta definición y que están haciéndose oír cada vez más.

Médicos ejemplares son para mí los doctores Juan Gervás y la doctora Mercedes Pérez-Fernández (podéis leer entrevista aquí) que no dejan de cuestionarse en su asociación científica sin ánimo de lucro (CESCA) los tratamientos  más comunes de la medicina convencional hoy en día.

Como resumen de la entrada diría que no hay que fiarse ciegamente de nadie, ni dar por hecho que la “normalidad” es la mejor opción.